Bishkek 2026
La reconfiguración institucional y la supervivencia de las ideas
De Tianjin a Bishkek, con resonancias en América Latina
Por Lidia Fagale –Directora de Clave China y periodista del Belt and Road
La ciencia política suele repetir que las ideas sin instituciones no sobreviven. El presente sugiere lo contrario: las ideas persisten, mientras las instituciones que debían sostenerlas muestran signos de agotamiento. La igualdad soberana, el derecho internacional y el multilateralismo son promesas de 1945 que han resistido décadas de incumplimiento. El FMI, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU mantienen vigencia formal, pero han perdido capacidad de generar legitimidad. En Tianjin 2025, Xi Jinping presentó la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG), con cinco principios: igualdad soberana, respeto al derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en las personas y acciones concretas. Bishkek 2026 debe leerse como el intento de darle soporte institucional a esa propuesta desde el Sur Global.
La 26ª Cumbre de la OCS, celebrada en Bishkek, Kirguistán, del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2026, bajo el lema “25 años de la OCS: juntos hacia la paz sostenible, el desarrollo y la prosperidad”, reunió a diez jefes de Estado y líderes invitados de 17 países, además del secretario general de la ONU. La cumbre concluyó con la Declaración de Bishkek y la firma de 28 documentos que abarcan seguridad, lucha contra el narcotráfico, cooperación tecnológica, medioambiente y reforma institucional.
Entre los avances más destacados se encuentra la aprobación de la Estrategia de Desarrollo 2026‑2035 y la creación del Banco de Desarrollo de la OCS, con sede propuesta en Pekín y un capital inicial de 50.000 millones de dólares equivalentes en monedas nacionales. Este banco busca financiar proyectos de infraestructura, energía verde, digitalización y cooperación tecnológica, otorgando préstamos en yuanes, rublos, rupias y otras monedas nacionales, lo que reduce la dependencia del dólar y la condicionalidad de los organismos tradicionales. En apenas un año, más de 160 proyectos se pusieron en marcha, incluyendo transporte ferroviario, interconexión energética y plataformas digitales.

La OCS, fundada en 2001, nació como un espacio de seguridad regional, pero ha ampliado su agenda hacia la economía, la energía y la cooperación tecnológica. Los BRICS, creados en 2009, agrupan a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con recientes incorporaciones como Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Su foco ha sido la reforma del sistema financiero internacional y la creación de instituciones propias, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), con sede en Shanghái.
Ambos espacios reflejan la búsqueda de alternativas al orden dominado por el FMI y el Banco Mundial, aunque con énfasis distintos: la OCS en seguridad y conectividad eurasiática; los BRICS en financiamiento y representación global. El Banco de Desarrollo de la OCS se concentra en Eurasia, aunque con apertura a socios observadores y países en desarrollo, mientras el NBD de los BRICS busca consolidar un sistema alternativo con alcance planetario.
Kirguistán, anfitrión y miembro fundador, reforzó su papel como nodo logístico del ferrocarril China‑Kirguistán‑Uzbekistán, mostrando que la representatividad se construye con infraestructura. En paralelo, la OCS consolidó siete plataformas de cooperación en energía, industria verde, economía digital, innovación científica, educación superior, formación técnica e inteligencia artificial.
Aunque la OCS es eurasiática, sus decisiones repercuten en América Latina. El Banco de Desarrollo y los sistemas de pago en monedas nacionales ofrecen alternativas al FMI y al Banco Mundial; el impulso al petroyuán abre mercados para exportadores de petróleo y gas; la cooperación en inteligencia artificial y economía digital puede vincularse con proyectos de soberanía tecnológica regional; y la narrativa de multipolaridad refuerza posiciones de la CELAC y UNASUR en favor de un orden internacional más equitativo.
Brasil, como miembro fundador de los BRICS, otorga a América Latina un asiento directo en la mesa de decisiones. La OCS, aunque sin miembros latinoamericanos, abre la posibilidad de cooperación en proyectos de energía y digitalización, especialmente a través de acuerdos con la CELAC. El Banco de Desarrollo de la OCS podría convertirse en un socio complementario del NBD, ofreciendo financiamiento alternativo para infraestructura y tecnología en la región.
De Tianjin a Bishkek, la OCS y la IGG muestran que la gobernanza global se redefine con instituciones nuevas y proyectos concretos. América Latina, históricamente condicionada por organismos dominados por Occidente, encuentra en este horizonte la posibilidad de diversificar alianzas, acceder a financiamiento alternativo y participar en la regulación de tecnologías emergentes. La multipolaridad no es un concepto abstracto: se materializa en Eurasia y resuena en el Sur Global. Bishkek 2026 marca un paso decisivo: de los principios hacia las acciones, de las propuestas hacia los resultados.


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