EL CIRCUITO DEL FIN DEL MUNDO

 

CUANDO EL PETRÓLEO, LOS DATOS Y LA ANTÁRTIDA SE CRUZAN EN EL MISMO MAPA

Por Lidia Fagale, Periodista del Belt and Road-Directora de Clave China

Mirar el fin del mundo por separado es no entender nada. Mirarlo en forma integral es entender todo.

En las últimas tres semanas, en un radio de 3.000 kilómetros que va de Neuquén a Malvinas y de Malvinas a Ushuaia, ocurrieron hechos que parecen desconectados. No lo están. Son el mismo circuito. Y expresan la transición de época que vivimos: el agotamiento del orden unipolar y la disputa abierta por la nueva arquitectura multipolar.

Argentina, sin quererlo, quedó en el centro. Y no logra construir autonomía para aprovecharlo.

 

EL PETRÓLEO QUE CAMBIA TODO: SEA LION YA TIENE FECHA

El descubrimiento es de 2010. A 220 kilómetros al norte de Malvinas, a 450 metros de profundidad, la cuenca Sea Lion guarda 314 millones de barriles en su primera fase y hasta 1.700 millones en total. En diciembre de 2025, las operadoras tomaron la Decisión Final de Inversión. Van a invertir 1.800 millones de dólares hasta el primer crudo y otros 2.100 millones después. El primer petróleo sale en marzo de 2028.

Operan dos empresas: Navitas Petroleum, israelí, que cotiza en Tel Aviv y tiene el 65%, y Rockhopper Exploration, británica, que cotiza en Londres con el 35%. Entre los principales fondos de Rockhopper hay tres israelíes: Noked Capital, Brosh Funds e ION. El presidente de Navitas, Gideon Tadmor, figura del establishment energético israelí, tiene el 9%.

Para las islas, es un cambio de escala. Según la auditora Netherland, Sewell & Associates, el gobierno kelper recaudará entre 2.850 y 8.800 millones de dólares en 40 años solo en regalías y ganancias.

 

LA RESPUESTA QUE DESNUDA EL LÍMITE ARGENTINO: «NO TENDRÁ EFECTOS MATERIALES»

El jueves pasado, el presidente Javier Milei anunció en cadena nacional sanciones bajo la Ley 26.659, el Decreto 868/2026 y un proyecto de ley para endurecer penas.

Veinticuatro horas después, Rockhopper y Navitas contestaron: «No se prevé que los acontecimientos recientes tengan un efecto significativo en las actividades de desarrollo del proyecto Sea Lion. La sociedad opera al amparo de licencias válidas concedidas legalmente por el Gobierno de las Islas Malvinas, un territorio de ultramar autónomo del Reino Unido, y cuenta con el apoyo pleno y continuo del Gobierno británico. No se espera que tengan efectos materiales».

Argentina ya sancionó cinco veces a estas mismas empresas entre 2012 y 2022. La Resolución 133/2012 las declaró «ilegales y clandestinas» y las inhabilitó por 20 años. Desde diciembre de 2023, no se había ejecutado ninguna hasta ahora. Esta súbita reactivación del discurso punitivo expone una doble vara sistémica: mientras la Casa Rosada sobreactúa dureza legal contra el capital anglo-israelí en el Atlántico Sur para consumo interno, en el continente se pliega a las exigencias de Washington. Las sanciones en las islas operan como una cortina de humo soberanista que busca compensar la entrega real de soberanía tecnológica y logística que el gobierno concede en Vaca Muerta y Ushuaia bajo la promesa —todavía incumplida— de atraer inversiones norteamericanas.

 

EL HILO QUE NADIE CUENTA: CHINA APOYA MALVINAS DESDE 1982

Este respaldo asiático tiene raíces históricas profundas. El 3 de abril de 1982, durante la votación de la Resolución 502 del Consejo de Seguridad de la ONU, China decidió no acompañar al Reino Unido y a los Estados Unidos; optó por abstenerse junto a la URSS, España y Polonia.

A lo largo de los años, esta postura se consolidó en declaraciones explícitas. En 2012, el entonces embajador Yin Hengmin afirmó en la Escuela Nacional de Defensa que la posición de su país era de estricto apoyo a la soberanía argentina sobre las islas. Esta política quedó plasmada en la Declaración Conjunta de 2014 firmada por Cristina Fernández de Kirchner y Xi Jinping, donde la parte china reiteró su firme respaldo al reclamo austral.

El compromiso se mantuvo inalterable frente a los cambios de signo político en la Casa Rosada. En 2022, durante la cumbre entre Alberto Fernández y Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo, la delegación argentina reafirmó su adhesión al principio de «una sola China», mientras que Pekín respaldó el ejercicio pleno de la soberanía argentina en la cuestión Malvinas, lo que provocó una airada reacción de la entonces ministra británica Liz Truss. En el período 2023-2025, ante el Comité de Descolonización de la ONU, el representante Geng Shuang ratificó de manera formal que China apoya firmemente la reclamación legítima del país sudamericano.

 

NEUQUÉN Y LA MENTIRA DE LA ANTENA ESPÍA

El entramado tecnológico en el sur también es blanco de disputas geopolíticas. La Estación de Espacio Lejano CLTC-CONAE-Neuquén, ubicada en Bajada del Agrio, cuenta con una antena de 35 metros emplazada en un predio de 200 hectáreas cedido por 50 años.

Su funcionamiento se rige por un marco legal preciso: el Acuerdo CONAE-CLTC de 2012, el Acuerdo Intergubernamental de 2014 —aprobado por la Ley 27.123— y el Protocolo Adicional de 2016, rubricado por la canciller Susana Malcorra. Este último documento aclara taxativamente que las instalaciones se implementarán exclusivamente con miras al uso civil en el campo de la ciencia y la tecnología, prohibiendo que la información resultante sea utilizada con propósitos militares.

A pesar de las constantes denuncias mediáticas sobre supuestas actividades de espionaje, el propio gobierno de Milei, a través del Informe de Jefatura de Gabinete N°137 en 2024, reconoció formalmente que el personal es estrictamente civil y que no existen acuerdos secretos ni presencia militar en el lugar. Tras una inspección conjunta realizada en abril de 2024 por la CONAE, el ENACOM y la Secretaría de Ciencia, se constató la transparencia de las operaciones. Argentina dispone del 10% del tiempo de uso de la antena, la cual opera exclusivamente para misiones de exploración espacial a más de 300.000 kilómetros de la Tierra.

 

LA GUERRA COGNITIVA LLEGA A VACA MUERTA: EL CASO CALF-HUAWEI

La presión de Washington no tardó en trasladarse al plano de la infraestructura digital regional. En abril de 2026, la Cooperativa CALF firmó un acuerdo estratégico con la empresa china Huawei para el despliegue de fibra óptica y la construcción de un centro de datos e inteligencia artificial en la estratégica zona de Vaca Muerta.

La respuesta norteamericana fue inmediata y directa. El 12 de julio, el gerente de TICs de la cooperativa, Sergio Fernández Novoa, recibió un mensaje de WhatsApp por parte del agregado económico de la Embajada de Estados Unidos, Andrew Dilts. En el texto se advertía de manera explícita que la administración estadounidense restringe o revoca visas para aquellos directivos que expanden las operaciones de Huawei, una medida que alcanzaba de forma directa a 18 directivos de la entidad.

Ante la presión, CALF intimó formalmente al embajador Peter Lamelas, quien lejos de suavizar los términos contestó que la correspondencia reflejaba fielmente la política global de los Estados Unidos. Días después, durante el foro AmCham Energy, Lamelas reforzó la advertencia al declarar públicamente que este tipo de contratos «no valen y tampoco van a ayudar a atraer inversores extranjeros a Vaca Muerta». Desde la embajada norteamericana se limitaron a señalar que el ingreso a su país es un privilegio y no un derecho, mientras que Huawei defendió su posición recordando que es una compañía 100% privada con presencia en Argentina desde 2001. Por su parte, la Embajada de China denunció el 6 de agosto que se ha avivado deliberadamente la teoría de la amenaza china. El trasfondo es clave: Vaca Muerta es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo, produciendo 400.000 barriles diarios; un data center gestionado por Huawei implicaría el manejo de datos críticos del corazón energético nacional.

 

POR QUÉ CAYÓ EL PUERTO CHINO Y POR QUÉ EE.UU. MIRA USHUAIA

Las tensiones comerciales también reconfiguraron el mapa portuario de Tierra del Fuego. En agosto de 2022, el gobernador Gustavo Melella había firmado el Decreto 3312/22 junto a un memorándum de entendimiento con el grupo Shaanxi Chemical Group por 1.250 millones de dólares para la construcción de un polo petroquímico en Río Grande. Sin embargo, el proyecto nunca obtuvo el trámite parlamentario ni la autorización nacional necesaria. La Subsecretaría de Puertos dictaminó de forma tajante que no existía ningún trámite vigente y que ese puerto no se construiría, una postura ratificada por Agustín Rossi en 2023 al asegurar que no habría un puerto chino en Tierra del Fuego.

Para la Casa Blanca, Ushuaia representa la principal puerta logística hacia la Antártida al encontrarse 300 kilómetros más cerca del continente blanco que Punta Arenas. La jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, visitó la zona en tres oportunidades, coronando sus viajes en 2024 con un encuentro junto a Milei en la propia capital fueguina. Durante sus ponencias, advirtió con insistencia que Pekín intentaba asegurarse derechos para construir instalaciones marítimas de uso dual en la región. Su sucesor en el cargo, el general Alvin Holsey, continuó esta línea de monitoreo con una nueva visita en abril de 2025.

 

EL VÍNCULO CONCRETO CON EE.UU. – EL DATO NUEVO

Tras la cancelación del proyecto asiático, las tierras para el puerto de Río Grande quedaron bajo el control del grupo Mirgor (vinculado a Nicolás Caputo). En paralelo, la construcción de la Base Naval Integrada avanza a paso lento: registra apenas un 9,13% de progreso físico y un 19,40% en materia financiera, obligando al Gobierno a emitir el DNU 867/2026 para reasignar 218.000 millones de pesos presupuestarios al Ministerio de Defensa.

Dicha Base Naval Integrada es, por ley y por respuesta oficial de Defensa al Congreso, 100% argentina, sin cesión de soberanía ni base conjunta. No hay plata norteamericana todavía. Sin embargo, el vínculo político-financiero es directo y explica el alineamiento.

El 5 de abril de 2024, durante la vigilia del 2 de abril, Milei viajó a Ushuaia a recibir a la jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, y al embajador Marc Stanley. A medianoche, con la banda del Área Naval Austral tocando el himno de EE.UU., anunció que la base sería «un gran centro logístico que constituirá el puerto de desarrollo más cercano a la Antártida y convertirá a nuestros países en la puerta de entrada al continente blanco».

Richardson había denunciado en el Capitolio que China buscaba un puerto multipropósito en Río Grande para «monitorear el paso bioceánico y clavar una pica en la entrada de la Antártida». El proyecto chino se cayó. El proyecto norteamericano quedó. En abril de 2025, el sucesor, el general Alvin Holsey, recorrió el obrador. En 2026, el Gobierno busca un acuerdo técnico-financiero con el Pentágono. El viaje del secretario de Asuntos Estratégicos y ex jefe del Ejército, general Carlos Presti, junto al canciller Pablo Quirno a Tierra del Fuego, responde formalmente a esa gestión.

En palabras de Milei esa noche: «La soberanía no se defiende con aislacionismo». Traducción: la soberanía sobre Malvinas y Antártida se reclama con el voto de China en la ONU, pero se intenta financiar con EE.UU. en Ushuaia.

 

TRUMP USA MALVINAS COMO PALANCA CONTRA LONDRES

La volatilidad global sumó un nuevo e inesperado capítulo desde el norte del continente. El pasado 28 de agosto, el diario británico The Telegraph reveló que la administración de Donald Trump advirtió formalmente que su tradicional respaldo a la posición del Reino Unido sobre la soberanía de las Malvinas está bajo una estricta evaluación. La condición impuesta por Washington es clara: Londres debe elevar significativamente sus niveles de gasto militar y alinearse de manera irrestricta con las prioridades de defensa de la OTAN bajo la mirada estadounidense.

Esta maniobra expone con crudeza la fragilidad de las alianzas en el nuevo tablero internacional. Para los Estados Unidos, el histórico apoyo a su principal aliado europeo ya no es un cheque en blanco, sino una moneda de cambio transaccional para presionar a la corona británica. Mientras tanto, en las islas, el consorcio anglo-israelí avanza a contrarreloj para extraer el primer barril de crudo en 2028, ajeno a los cismas diplomáticos.

El circuito del fin del mundo termina de cerrarse mostrando una paradoja perfecta y peligrosa para la diplomacia argentina. La Casa Rosada ensaya un alineamiento automático con Washington y castiga de forma discursiva las inversiones de Pekín. Sin embargo, es el voto de China en las Naciones Unidas el único sostén político real del reclamo de soberanía por las islas, mientras que los recursos para financiar el control del Atlántico Sur dependen de los vaivenes de la Casa Blanca.

En este esquema, el gobierno pretende usar las sanciones en Malvinas como un gesto de distracción, mientras acepta el chantaje de la embajada estadounidense en Vaca Muerta y subordina el nodo tecnológico de Huawei a los intereses norteamericanos. Al final del camino, el riesgo es quedarse con las manos vacías: se entrega el control de los datos críticos del gas y del petróleo en Neuquén y la logística antártica en Ushuaia a cambio de promesas financieras del Pentágono, sin lograr detener el avance extractivo británico en el archipiélago y debilitando los lazos históricos con el único gigante dispuesto a vetar el statu quo colonial en los foros internacionales.

 

 

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