Guinzhou: Atrapante

Un mapa colgado entre nubes (y del tamaño de Uruguay)

Por Lidia Fagale

Para dimensionarlo en términos rioplatenses: Guizhou tiene una superficie muy similar a la de Uruguay (176.200 km²), pero allí viven 38,5 millones de personas. Su geografía es un desafío extremo para la ingeniería: está clavada en una meseta a 2.000 metros de altitud promedio y el 92,5% de su territorio son montañas y colinas.

Históricamente fue una de las provincias más aisladas del país, pero hoy es famosa por su naturaleza brutal. Su relieve kárstico está repleto de ríos subterráneos y cuevas gigantescas (como Shuanghedong). Además, cuenta con las Cascadas Huangguoshu, que con 77 metros de caída son las más grandes de Asia. La leyenda dice que de una de sus rocas nació el mismísimo Sun Wukong, el Rey Mono de la mitología china.

El Silicon Valley de la niebla

La gran contradicción —y el milagro— de Guizhou es cómo pasó de ser una región puramente rural a convertirse en el cerebro tecnológico de China. El gobierno invirtió miles de millones en infraestructura imposible (autopistas y megapuentes que perforan nubes) y la conectó con el futuro.

  • El radiotelescopio FAST: Es el más grande del planeta, con un plato de 500 metros de diámetro. Lo metieron en un valle natural de Guizhou porque las montañas actúan como un escudo biológico, bloqueando las interferencias de radio de la civilización para poder escuchar el espacio profundo en absoluto silencio.
  • Big Data en Guiyang: La capital provincial es el nuevo hogar de los centros de datos de monstruos tecnológicos como Tencent, Alibaba y Huawei. ¿Por qué ahí? Porque el clima, que solía promediar 270 días de lluvia al año, es naturalmente fresco. Eso baja drásticamente los costos de refrigeración de los servidores, sumado a que la energía hidroeléctrica de la zona es baratísima.

China multiétnica: Tradición sin filtros en Guizhou

A diferencia del resto del país, donde la etnia Han es la mayoría absoluta, Guizhou es un estallido de diversidad: el 38% de su población pertenece a minorías étnicas. Allí conviven grupos como los Miao (famosos por su joyería de plata y su medicina tradicional protegida por la UNESCO), los Buyei (expertos cultivadores de de terrazas de arroz) y los Dong, conocidos por sus coros polifónicos y por construir puentes y torres de madera bellísimas sin usar un solo clavo.

Lejos de ser un decorado para turistas, en Guizhou los festivales son reales y rigen la vida comunitaria:

  • Año Nuevo Miao (Xijiang): Se celebra entre enero y febrero. Las mujeres caminan con tocados de plata de hasta 10 kilos (la dote familiar) y el pueblo entero se junta en el Banquete de las 100 familias, alineando mesas de cuadras enteras en la calle para comer, arreglar deudas y negociar matrimonios.
  • Festival Lusheng Dong (Zhaoxing): Ocurre entre noviembre y diciembre. Cientos de músicos tocan el lusheng (un instrumento de bambú similar a una gaita) en la plaza principal, mientras los icónicos puentes de madera se iluminan con linternas rojas.

El Moutai: Oro líquido de 53 grados 

El broche de oro de la identidad de Guizhou (y el protagonista de las miradas de reojo en el Sheraton) es el Moutai. No es un licor cualquiera: es el «Rey del Baijiu» (el aguardiente destilado chino hecho de sorgo rojo y trigo) y ostenta el título de bebida nacional.

Su producción es un secreto de estado y solo se puede hacer en el pueblo de Moutai. El microclima del río Chishui y sus microorganismos locales son imposibles de replicar en otra parte del mundo; si intentás mudarlo de región, el sabor cambia. El proceso artesanal demora cinco años, pasa por nueve destilaciones y ocho fermentaciones.

Es el destilado que se sirve en los banquetes presidenciales de Xi Jinping y un símbolo absoluto de estatus (una botella de la línea más básica no baja de los 200 o 300 dólares). Su aroma es complejo, con notas que recuerdan a la salsa de soja fermentada, y sus 53° de graduación alcohólica imponen respeto. De hecho, la cultura del Moutai es tan fuerte en la provincia que allí funciona la Universidad Moutai, la única institución académica del mundo bautizada y financiada por una marca de alcohol para estudiar enología.

Quienes asistieron a la presentación en Buenos Aires tuvieron el privilegio de probar un pedacito de esta China profunda, montañosa y futurista. Guizhou demostró que, tal como rezaba el lema del evento, es tan colorida y fascinante como su propio nombre.

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