LA COSECHA DEL LLANTO
Por José Ezequiel Kameniecki
Pongo las manos sobre mi corazón y mis lágrimas caen como perlas finas.
Li Po
Recolectaba lágrimas en un vaso. Las de Juan, las de Claudia, las de Inés y las de Carlos. Era tanta la tristeza que transmitían que no pude contener el llanto y completé el vaso con las mías. Me retiré en forma discreta y trasvasé el contenido en un botellón y lo tapé con un corcho para que no se evaporase.
Han pasado cuatro años. Aún conservo aquel botellón donde las lágrimas se han añejado y fundido. Lo descorcho y me sirvo una copita. Todavía mantiene la tibieza de entonces. La bebo de un trago y comienzo a llorar. No encuentro motivos actuales que justifiquen el llanto. En mi mente mis recuerdos se confunden con imágenes desconocidas donde aparecen Juan, Claudia, Inés y Carlos. Ebrio de lágrimas padezco de un torrente de llanto irrefrenable.
¡Hoy lloro lágrimas ajenas!


Comments (1)
Una hermosa síntesis! Me encantó