Una tarde en Adrogué con Borges y Liu Zhenyun y otras historias

Por Lidia Fagale, Periodista del Belt and RoadDirectora de Clave China

En Adrogué nos encontramos en el lugar donde Jorge Luis Borges decidió su regreso permanente. No fue donde pasó su infancia —que transcurrió en Palermo, en la calle Serrano ( ahora bautizada con el nombre de Jorge Luis Borges), al amparo de la inmensa biblioteca en inglés de su padre—, pero sí el sitio que eligió para quedarse para siempre.

Durante su niñez, Adrogué había sido el territorio de los veranos: las quintas como La Rosalinda, las tardes en el Hotel La Delicia, el perfume medicinal de los eucaliptos, las calles de tierra y esas diagonales que más tarde se transformarían en los laberintos de sus cuentos. El chalet de ladrillos vistos y tejas rojas de Plaza Brown 301, que hoy funciona como Casa Borges, lo compró su madre, Leonor Acevedo, a mediados de los años 40, cuando el escritor ya tenía 45 años. Fue su refugio y su regreso definitivo entre 1944 y 1953.

Allí dejó de ser un veraneante para convertirse en vecino. En ese chalet austero de apenas 100 metros cuadrados, tres dormitorios y una ventana directa a la plaza, Borges pulió lo esencial de su obra: Ficciones (1944), El Aleph (1949) y el poema «Adrogué» de El Hacedor, del que más tarde escribiría: «…el antiguo estupor de la elegía me abruma cuando pienso en esa casa y no comprendo cómo el tiempo pasa, y que soy tiempo y sangre y agonía

Todavía queda un eucalipto solo en el patio. El aroma es el mismo que Borges respiró de chico durante las vacaciones y de adulto cuando volvió a recluirse para escribir. Por eso Adrogué no se explica, se respira. Eso mismo percibí en la recorrida.

 Liu Zhenyun y Sandra Agis, directora de Patrimonio Cultural de Almirante Brown

El laberinto compartido y el búnker de las mujeres

Esa tarde volvimos a entrar a ese laberinto. La puerta la abrió Sandra Agis, directora de Patrimonio Cultural de Almirante Brown. Ella es la clave de otra memoria que se cuela en las calles del barrio: es la hija y nieta de las mujeres que cobijaban a otras mujeres en la pensión Bijou. Esa mítica esquina de Mitre y Somellera representaba un refugio para aquellas que, como afirman los poemas de Evaristo Carriego y los tangos, habían dado «el mal paso». Mujeres separadas, solteronas, prostitutas o simplemente independientes y rebeldes. Como una especie de búnker, la casa albergaba a quienes la sociedad les había dado la espalda o a quienes todavía no entendía bien. En el contexto de una de las épocas más violentas de nuestro país, ese rincón de resistencia funcionó como un amparo humano a solo dos cuadras del refugio literario de Borges.

En la comitiva también estaban Juana Cruz, Ángela Pradelli, Matías Alinovi, Chen Xiang y Bai Jiaming -Difectora del Instituto Confucio de la UBA- . A ellos se sumó el gran escritor chino Liu Zhenyun, quien llegó desde el otro lado del mundo con humor frente a las tragedias de la Historia para visitar la casa de un hombre que imaginó el Paraíso bajo la forma de una biblioteca.

Liu Zhenyun y Lidia Fagale

El almuerzo y el vino

Liu recorrió la casa casi en silencio mientras la voz de Sandra reconstruía la memoria de las habitaciones.

Más tarde, la introspección propia del escritor devino en la generosidad de un almuerzo compartido. Allí me animé a interrumpir el silencio y le pregunté sobre el valor de Borges en China. Mientras nos servía a cada uno un vaso de vino con delicadeza y parsimonia, reflexionó: «Hay dos tipos de escritores en este mundo: los que escriben como agua y los que escriben como vino. Borges escribe como vino. Porque dentro del vino está la esencia de la uva. Dentro de Borges está la filosofía.»

Esa misma idea la dejó plasmada en el libro de visitas de la Casa Borges: «Borges es un gran escritor, porque el trasfondo de sus palabras es la filosofía.» Firma: Liu Zhenyun — 18 de septiembre de 2026

El almuerzo continuó bajo el influjo de un buen vino argentino: Luigi Bosca, Malbec mendocino, bodega fundada en 1901, color rubí intenso, frutos rojos y regaliz. Y en cada sorbo, como sostiene Liu la  verdadera esencia de los escritores.

 

China en los mapas de Adrogué

Allí entendí por qué Adrogué era el escenario exacto para este encuentro. Borges no solo admiraba a China de lejos, sino que la escribió:  En 1950 publicó el ensayo «La muralla y los libros».  Dedicó versos al I Ching en El oro de los tigres. Retrató a la piratería oriental en Historia universal de la infamia (1935). • Y citó la enciclopedia china en “El lenguaje analítico de John Wilkins”, donde se enumeran categorías imposibles que desarman la lógica occidental.

El encuentro fue natural porque, aunque Borges nunca viajó físicamente a China, el país ya habitaba en Adrogué.

Liu Zhenyun-Juana Cruz, pintora  y Chen Xiang, director del Instituo Confucio de la Universidad del Congreso

El puente: la misma risa, el mismo absurdo

Previamente, Liu había resumido la estética borgeana con precisión: «El estilo de Borges consiste en plantear problemas que no se resuelven y se repiten una y otra vez. Tenía la teoría de que un buen escritor debía ser como un filósofo, una especie de enciclopedia». Ahí se tendió el puente. Para  Borges: «El humor es una forma de resignación, la única tolerable». Y Liu nos dice «Convertimos la tragedia en comedia. En la tragedia hay comedia; en la comedia, pesar».

Cuando le pregunté a Liu Zhenyun por la enorme influencia de Borges en China, su respuesta asoció al autor argentino con Kafka, Joyce, Faulkner, Camus y Proust. Explicó que todos ellos comparten la virtud de escribir filosofía profunda —ya que destilan «vino» en lugar de «agua»— y estructuran la literatura a través del laberinto y el humor. Por un lado, el laberinto metafísico de Borges y Faulkner se expande con Proust y Joyce. Por el otro, frente a la asfixia de quienes quedan atrapados en esa estructura burocrática plasmada por Kafka, o ante la tragedia existencial del absurdo planteado por Camus, Liu Zhenyun responde por medio del humor.

 

El espejo de las tragedias

A pesar de estar separados por setenta años y dieciocho mil kilómetros, ambos autores coinciden en la misma premisa: la risa frente a la Historia es la única forma de sobrevivirla. Antes de concretar la visita gracias a las gestiones de Ángela Pradelli, Liu había manifestado una frustración inicial en Buenos Aires: «Todos los restaurantes estaban abiertos, pero la casa de Borges no». Su primera parada había sido la Plaza de Mayo: «Conocía la historia de las Madres. Fue algo parecido a la desaparición de personas en Henan en 1942, donde murieron tres millones de personas debido a la hambruna. La literatura debe contar este tipo de historias», reflexionó. Cuando Liu mencionó esto, Pradelli guardó silencio porque la historia ya estaba escrita en su propia obra. Su niña —la hija de desaparecidos en La respiración violenta del mundo— estaba allí presente. La infancia rota no es pasado, es memoria permanente. La tragedia nos mira desde Burzaco (localidad próxima a Adrogue) y desde Henan (China) al mismo tiempo. Es la misma herida histórica que inspiró a Liu para la creación de Recordando 1942 (1992), obra que llegó al cine en Back to 1942 (2012).

 

Borges soñó China, China sueña Borges

Borges soñó a China en sus enciclopedias y hoy China sueña a Borges desde este rincón de Adrogué. Al final del día, todas las respiraciones son la mismas: la de una abuela que busca a su nieta en el sur del Conurbano, la de las mujeres marginadas que encontraron refugio en la esquina de Mitre y Somellera gracias a la madre y la abuela de Sandra, o la de un escritor chino que se ríe de los emperadores y firma No soy una mujer pública (2012). La distancia se disuelve en el aire de las diagonales arboladas y demuestra que las pérdidas, la resistencia y la gran literatura siempre comparten el mismo e infinito refugio.

 

Sobre el autor

Liu Zhenyun (Henan, 1958) es novelista, guionista y antiguo periodista chino, graduado en la Universidad de Pekín. Autor de Una frase son diez mil frases, No soy Madame Bovary y Recordando 1942, recibió en 2011 el prestigioso Premio de Literatura Mao Dun. Sus obras han sido traducidas a más de 28 idiomas y numerosas novelas suyas han sido llevadas al cine y la televisión, consolidándolo como una figura de proyección internacional de la literatura china contemporánea

 

Mi agradecimiento enorme a Angela Pradelli, escritora y miembro de número de la Academia Argentina de Letras por su generosa invitación que me permitió conocer el enorme trabajo de Sandra Agis, directora del Patrimonio histórico de Almirante Brown quien abrió ventanas y puertas para que Borges se fundiera en la literatura del gran escritor chino, Liu Zhenyun.

Angela Pradelli, Sandra AgisLiu Zhenyun y Chen Xiang

 

 

 

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