ARS AMNADI I

Por José Ezequiel Kameniecki

¿Dónde estuviste el resto de mi vida?

 

Puse el mantel y servimos la cena. Me amaste antes de degustarnos. Era una noche muy fría, recuerdo, y teníamos puesta demasiada ropa como para intimar. Además, quién se desvestiría primero. Tiritábamos, temblábamos, ¡ábamos! Sí, todo eso.

Pero la felicidad significaba estar juntos. Como los símbolos sagrados, tu gorro de lana era demasiado intertextual. Hablamos de literatura. Claro. Escribamos un estudio sobre el yo poético en Antonio Pigafetta, me propusiste como ejercicio para entrar en calor. Antonio Pigafetta era el italiano que sobrevivió con unos pocos cuando Hernando de Magallanes intentó descubrir la pólvora y cerrar el círculo imposible de unir, Oriente con Occidente. Esa aventura, dicen los textos, la terminó Sebastián Elcano, de seguro un apodo a causa del abundante cabello blanco. El Periplo que escribió Antonio Pigafetta, Viaggio intorno dellglobo, está poblado de monstruos fabulosos, lo cual constituye una prueba irrefutable de que no dieron la vuelta al mundo, porque el mundo no tiene revés o, por lo menos, no lo tenía entonces.

Decía, que me propusiste leer a Antonio Pigafetta. Yo no entendía cómo podía ser que una mujer llevara un ejemplar del Periplo en su cartera cuando está invitada a cenar a solas a la casa de un hombre. El misterio de una mujer yace en el interior de su cartera, me dijiste sonriendo, y yo te creí, bobo de mí. Leo a (Antonio) Pigafetta todas las noches cada vez que voy de cuerpo. Soy muy regular. Para mí su lectura es laxante. Hace diecisiete años que lo leo y desde entonces me curé de una congestión estomacal que me impedía. Ahora me siento libre, ¿sabés por qué, querido Ôskar?: Y todo gracias… –agregaste canturreando con el final de estrofa de la pegadiza melodía de La Felicidad-ja-ja-ja-ja –: Y todo gracias a Antonio Pigafetta.

Así que sacó de la cartera el ejemplar todo subrayado con fibras de colores. Resulta que lo venía marcando hacía diecisiete años, a razón de una vez por día, porque era regular. Y cuando lo terminaba cambiaba de color. Ahora el subrayado había adquirido un tono tan desagradable que era imposible identificarlo con algún color de tinta de fibra.

Y escribimos juntos acerca de la teratología del Periplo. Lo comparamos luego con los Diarios de Cristóbal Colón, con los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, con la Odisea de Homero, con el Periplo de Hecateo de Mileto, el de Hannón el cartaginés, el de Piteas, el de Zheng He y el de Juan Filloy, con Viaje alrededor del Mundo, de William Dampier y hasta con el Titanic. Pero decidiste no publicarlo en la facultad cuando apenas se puso de moda el post-post-post-post-caosestrucstalinismo.

 

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