De los proyectos a la construcción conjunta de conocimiento

Un nuevo paradigma y el futuro de la cooperación entre China y América Latina y el Caribe

Por Lidia Fagale, periodista del Belt and Road. Directora de Clave China

Entrevista a Guo Cunhai (Investigador del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales -ILAS-CASS- y coordinador de la obra Los Cinco Programas) para Clave China (Argentina)

 

BLOQUE 1 | DEL PROYECTO AL PARADIGMA

  1. Profesor Guo, el libro plantea como cuestión central cómo pasar de proyectos de cooperación a un verdadero paradigma de cooperación. ¿Por qué considera que el modelo actual, medido en número de proyectos y volumen comercial, ya no alcanza?

A mi juicio, el principal logro de la cooperación entre China y América Latina y el Caribe (ALC) durante las últimas dos décadas, especialmente desde la puesta en marcha del Foro China-CELAC en 2015, ha sido la ampliación de su escala y de sus ámbitos de acción. China se ha convertido en el segundo socio comercial de ALC y en una importante fuente de inversión para la región. Los intercambios comerciales, la infraestructura y la cooperación industrial han asentado una sólida base material para nuestras relaciones. Son avances que debemos reconocer plenamente.

Sin embargo, el crecimiento cuantitativo no supone necesariamente una mejora equivalente de la calidad. El comercio permite medir la intensidad de los vínculos económicos; la inversión, la magnitud de los flujos de capital; y el número de proyectos, el dinamismo de la cooperación. Pero estas cifras no responden por sí solas a preguntas más profundas: ¿ha fortalecido la cooperación las capacidades autónomas de desarrollo de los países receptores? ¿Ha contribuido a la modernización industrial y a la innovación tecnológica? ¿Ha formado talento local? ¿Ha mejorado el entendimiento y la confianza entre nuestras sociedades?

Esta es precisamente la razón por la que proponemos en el libro un nuevo paradigma de cooperación China-ALC. Consideramos necesario avanzar de la expansión cuantitativa a la mejora cualitativa, de la ejecución de proyectos a la construcción conjunta de capacidades y de una relación basada en intereses económicos a consensos de desarrollo más profundos. No se trata de negar la cooperación tradicional, sino de dotarla de un contenido más amplio y duradero.

  1. Usted define los cinco programas – solidaridad, desarrollo, civilización, paz y acercamiento entre los pueblos – como un conjunto orgánico y no como ámbitos aislados. ¿Cómo se articulan en la práctica?

Para comprender los «Cinco Programas», no basta con considerarlos cinco ámbitos de política separados. Hay que entenderlos como un marco integral cuyos componentes se refuerzan mutuamente.

El Programa de la Solidaridad aporta confianza política y coordinación de políticas; el Programa del Desarrollo proporciona las bases económicas y sociales de la cooperación; el Programa de las Civilizaciones promueve el diálogo y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones y experiencias de desarrollo; el Programa de la Paz contribuye a crear un entorno estable y seguro; y el Programa de los Pueblos procura que la cooperación se arraigue en la sociedad y beneficie efectivamente a la población.

Cada programa tiene sus propias prioridades, pero todos convergen en la construcción de una comunidad de futuro compartido China-ALC, cuyo objetivo fundamental es el desarrollo común.

Pensemos, por ejemplo, en la cooperación en nuevas energías y minería. Si un proyecto se limita a la inversión y la explotación de recursos, sin prestar la debida atención al diálogo social, la formación de talento, la gobernanza ambiental y el desarrollo industrial local, puede generar rendimientos económicos a corto plazo sin consolidar una relación sostenible.

Por eso sostengo que la cooperación de conocimiento constituye un elemento de articulación fundamental entre los Cinco Programas. La coordinación de políticas, la cooperación para el desarrollo, el diálogo entre civilizaciones, la gobernanza de la seguridad y el acercamiento entre los pueblos requieren intercambio de experiencias, conocimientos compartidos y fortalecimiento de capacidades.

De ahí que hayamos elegido la «cooperación de conocimiento» y la «nueva asociación para el desarrollo» como ejes de la obra.

BLOQUE 2 | COOPERACIÓN DE CONOCIMIENTO

  1. En el libro usted sostiene que la mejora cualitativa no puede medirse solo por comercio, sino por la capacidad de compartir conocimientos, formar talento y resolver problemas de forma autónoma. ¿Qué entiende por «cooperación de conocimiento» y en qué se diferencia de la transferencia tecnológica unidireccional?

Entiendo por «cooperación de conocimiento» una forma de colaboración orientada al desarrollo común y al fortalecimiento de capacidades autónomas. Va más allá del intercambio académico convencional y tampoco se reduce a la transferencia de tecnología.

Comprende tres dimensiones interrelacionadas: primero, los intercambios entre personas y la cooperación educativa y académica, que favorecen el entendimiento mutuo; segundo, el aprendizaje recíproco de experiencias de desarrollo y gobernanza, que permite contrastar distintas prácticas; y tercero, la innovación científico-tecnológica, la investigación conjunta y la transferencia de tecnología, que respaldan la modernización industrial.

Se trata de una secuencia que va del entendimiento mutuo al aprendizaje compartido y, finalmente, a la construcción conjunta de capacidades.

La diferencia esencial respecto de la transferencia tecnológica tradicional reside en la igualdad entre los sujetos que producen conocimiento y en el carácter bidireccional de sus flujos.

En el esquema convencional, una parte posee la tecnología y la otra la compra, incorpora o aprende a utilizar. La cooperación de conocimiento, en cambio, supone identificar conjuntamente los problemas, investigar soluciones compartidas y transformar los resultados en capacidades que cada parte pueda mantener y utilizar por sí misma.

Quiero subrayar que la modernización china no es un modelo que otros países deban reproducir. Es un acervo de experiencias y conocimientos sobre el desarrollo que puede estudiarse, compararse y aprovecharse críticamente.

China ha acumulado experiencias valiosas en reducción de la pobreza, infraestructura, economía digital y revitalización rural. Pero América Latina también dispone de conocimientos importantes. Sus programas de transferencias monetarias condicionadas, sus innovaciones en política social y sus prácticas de conservación de la biodiversidad y desarrollo de energías renovables ofrecen aprendizajes para China.

La verdadera cooperación de conocimiento debe funcionar en ambas direcciones. China no es su único proveedor ni América Latina una receptora pasiva. Ambas partes deben producir, compartir y aprovechar los conocimientos para el desarrollo.

En última instancia, su valor no consiste únicamente en difundir saberes existentes, sino también en generar conjuntamente, a partir del diálogo entre experiencias diversas, nuevos conocimientos adecuados a las necesidades de desarrollo de los países del Sur Global.

  1. Plantea incorporar a los proyectos concretos formación de capacidades, transferencia tecnológica, intercambio de experiencias de gobernanza e investigación conjunta. ¿Puede dar un ejemplo concreto donde eso no se hizo y se pagó el costo?

Es una pregunta importante, porque las deficiencias de la cooperación de conocimiento no siempre se manifiestan como problemas técnicos. En ocasiones aparecen en forma de diferencias de percepción, obstáculos de comunicación y dificultades de gobernanza de los proyectos.

En el libro examinamos un episodio que merece reflexión. En junio de 2020, el Colectivo sobre el Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA), promovido por seis redes latinoamericanas de organizaciones no gubernamentales ambientalistas, dirigió una carta abierta a la parte china en la que planteó cuestionamientos sobre los impactos ambientales y sociales y la supervisión de 18 proyectos.

No debemos presentar esas acusaciones como hechos verificados de manera independiente, ni concluir a partir de ellas que todos los proyectos señalados tenían problemas o que la falta de formación de capacidades ocasionó pérdidas económicas cuantificables.

Sin embargo, esas controversias ponen de relieve una cuestión central: la viabilidad técnica y comercial de un proyecto no garantiza por sí misma la comprensión ni la confianza de la sociedad local.

Si una empresa se concentra en la construcción, el financiamiento y el calendario de ejecución, pero no comprende suficientemente el ordenamiento jurídico, las características culturales de las comunidades, las preocupaciones ambientales y las expectativas de los actores interesados, pueden producirse desencuentros. Incluso cuando una controversia se resuelve, su gestión puede aumentar los costos de tiempo, de gobernanza y de confianza social.

Esto significa que la cooperación de conocimiento no debe limitarse a los gobiernos y las universidades. También debe llegar a las empresas, las administraciones locales y las comunidades.

Propongo que, desde el inicio de los grandes proyectos de inversión e infraestructura, se incorporen estudios de gobernanza local, evaluaciones de impacto ambiental y social, participación comunitaria, formación profesional y fortalecimiento de capacidades técnicas y de gestión.

Es especialmente importante que los habitantes y las organizaciones sociales no sean considerados únicamente beneficiarios, sino también participantes en la producción de conocimientos y en la elaboración de soluciones de gobernanza para los proyectos.

En este sentido, la comprensión, la participación y la aceptación de la sociedad local deben considerarse condiciones para el éxito a largo plazo, y no simples tareas de relaciones públicas posteriores a la ejecución.

BLOQUE 3 | DIEZ AÑOS DEL FORO CHINA-CELAC

  1. El libro examina sistemáticamente los avances y desafíos de los 10 años desde la creación del Foro China-CELAC. Sin eludir los problemas, ¿cuáles son para usted las tres insuficiencias más graves que detectaron en capacidades y articulación de mecanismos?

Uno de los principales logros del Foro China-CELAC ha sido impulsar un esquema en el que la cooperación bilateral y la cooperación integral se refuerzan mutuamente, con mecanismos de intercambio en los ámbitos político, económico-comercial, cultural, científico y tecnológico.

Sin embargo, nuestra investigación también muestra una brecha considerable entre el desarrollo general de las relaciones China-ALC y el nivel alcanzado por la cooperación de conocimiento.

A mi juicio, hay tres deficiencias estructurales que requieren atención prioritaria.

La primera es el bajo grado de institucionalización y la insuficiente articulación entre plataformas.

Dentro del Foro China-CELAC se han creado numerosos subforos y mecanismos de diálogo, pero muchos funcionan de manera relativamente aislada, sin mecanismos estables de integración de recursos, investigación conjunta ni aplicación de resultados. El número de reuniones celebradas o de participantes no permite medir, por sí solo, los resultados reales de la cooperación de conocimiento.

La segunda es la participación todavía limitada de actores diversos.

Las universidades, los institutos de investigación y los centros de pensamiento concentran buena parte de estas actividades, mientras que las empresas, los medios, los gobiernos locales, las organizaciones sociales y las comunidades participan de forma menos sistemática.

Ello puede distanciar la investigación de los problemas concretos del desarrollo. El conocimiento valioso no procede exclusivamente de la academia; también se genera en la innovación empresarial, la administración pública y la práctica comunitaria.

La tercera es la insuficiente bidireccionalidad de los intercambios.

En numerosas iniciativas, China ha desempeñado un papel destacado en la organización y provisión de conocimientos, mientras que las experiencias latinoamericanas no siempre se han sistematizado, traducido y difundido con la misma intensidad.

Si el intercambio se mantiene como una relación en la que una parte enseña y la otra recibe, difícilmente podrá expresar una asociación verdaderamente igualitaria y basada en el aprendizaje mutuo.

Por eso, la tarea de la próxima etapa no consiste simplemente en crear más foros y proyectos, sino en articular los mecanismos existentes en redes capaces de producir conocimiento de manera continua, formar talento y resolver problemas reales del desarrollo.

  1. El texto menciona sectores tradicionales y emergentes – comercio, agricultura, energía, minería, salud, ciencia y tecnología, seguridad. ¿Dónde ve usted el mayor desbalance entre lo logrado y lo potencial?

Si comparamos los resultados actuales con el potencial futuro, observo las mayores brechas en la innovación científico-tecnológica y la cooperación digital, así como en la modernización de las cadenas industriales de la minería y la energía.

En primer lugar, el comercio ha avanzado con rapidez, pero la profundidad de la cooperación industrial y tecnológica sigue siendo limitada.

China y América Latina han construido una amplia red comercial. No obstante, las exportaciones de algunos países latinoamericanos a China continúan concentrándose en productos primarios y recursos naturales. La siguiente etapa debería orientarse no solo a ampliar el comercio de recursos, sino también a desarrollar la transformación industrial, los servicios tecnológicos, los proveedores locales y la capacidad de innovación propia.

En segundo lugar, la cooperación minera ha avanzado, pero todavía existe un amplio margen para establecer una cooperación industrial de mayor valor agregado, más ecológica e inteligente.

China cuenta con capacidades en equipamiento inteligente, automatización, tecnologías digitales y cadenas industriales de nuevas energías, mientras que América Latina posee abundantes minerales críticos, como el cobre y el litio. Hay condiciones para ampliar la colaboración hacia minas inteligentes, procesamiento de minerales, investigación de materiales, gobernanza ambiental y formación de personal especializado.

En tercer lugar, considero que la inteligencia artificial y las tecnologías digitales se encuentran entre los ámbitos emergentes con mayor potencial de cooperación.

Estas tecnologías no solo pueden generar nuevas industrias, sino también mejorar la productividad agrícola, los servicios médicos, la gestión urbana, la prevención de desastres y la administración pública.

Pero si la cooperación se limita a comprar equipos, instalar plataformas o utilizar tecnología externa, sin desarrollar investigación local, talento especializado ni capacidades de gobernanza de datos, será difícil aprovechar plenamente su potencial.

Por ello, lo que más me interesa es comprobar si la tecnología se transforma efectivamente en capacidad de desarrollo autónomo. Los indicadores de cooperación deben incorporar, además de la inversión y el número de equipos, la investigación local, la formación de talento, las aplicaciones tecnológicas y el valor agregado industrial.

BLOQUE 4 | VÍNCULOS ENTRE ÁMBITOS DE COOPERACIÓN

  1. El libro presta especial atención a cómo la infraestructura puede impulsar la modernización industrial, cómo lo digital puede servir a la gobernanza pública y cómo lo verde genera oportunidades compartidas. ¿Por qué insiste en esa mirada cruzada?

Porque los problemas reales del desarrollo no respetan las fronteras administrativas ni las divisiones entre disciplinas académicas.

La infraestructura, la producción industrial, la tecnología digital, la transición energética, la gobernanza social y la formación de talento están estrechamente relacionadas. Cuando la cooperación en uno de estos ámbitos se desarrolla al margen de los demás, sus resultados pueden verse limitados.

La cooperación digital es un buen ejemplo. Su valor no se reduce a construir redes de comunicación o suministrar productos digitales; depende de que contribuya a mejorar los servicios públicos, elevar la productividad agrícola y reducir los costos empresariales.

La transición verde es todavía más claramente transversal: involucra la transformación de la matriz energética, los recursos minerales, las tecnologías industriales, los mecanismos financieros, la gobernanza ambiental y la equidad social.

De ahí que insistamos en pasar de proyectos aislados a la cooperación a lo largo de las cadenas industriales, de aplicaciones tecnológicas puntuales a soluciones integrales y de la fragmentación sectorial a mecanismos de coordinación entre ámbitos.

Esto coincide con la lógica de la cooperación de conocimiento: su función esencial es conectar tecnologías, experiencias, instituciones y necesidades sociales de distintos sectores, de modo que los resultados tengan un valor que trascienda cada proyecto individual.

  1. Ante la transformación digital, la reestructuración industrial y los cambios en la gobernanza mundial, ¿qué vía de cooperación reproducible y sostenible ve como prioritaria para la próxima década?

Si tuviera que señalar una sola prioridad, elegiría un modelo de cooperación intersectorial basado en la cooperación de conocimiento, centrado en la construcción conjunta de capacidades y orientado a problemas concretos del desarrollo.

Considero necesario modificar una lógica bastante extendida: primero identificar qué equipos, tecnologías o recursos financieros pueden ofrecerse y después buscar proyectos en los que utilizarlos. Resulta más eficaz partir de las necesidades reales del territorio y definir, diseñar, ejecutar y evaluar conjuntamente las soluciones.

Por ejemplo, en la agricultura digital se pueden integrar el riego inteligente, la observación meteorológica, el análisis mediante inteligencia artificial, la extensión agrícola y la capacitación de productores. En minería verde, la explotación de recursos puede articularse con las energías limpias, el monitoreo digital, la protección ambiental y el desarrollo comunitario.

Cada proyecto de esta naturaleza debería producir cuatro resultados: resolver un problema real del desarrollo; formar especialistas locales capaces de trabajar con autonomía; dejar tecnologías o métodos de gestión que las instituciones locales puedan mantener; y sistematizar experiencias adaptables a las condiciones de otros países.

La posibilidad de reproducir este modelo depende de que genere capacidades locales sostenibles, no de que pueda copiarse sin modificaciones de un país a otro.

Esta es una de las orientaciones centrales del libro: pasar de entregar proyectos a construir capacidades conjuntamente, y de proporcionar soluciones ya elaboradas a cocrear soluciones.

BLOQUE 5 | NUEVO PARADIGMA Y AUTONOMÍA

  1. Usted afirma que las relaciones deben superar la mera complementariedad de factores y avanzar hacia el aprendizaje mutuo y la creación conjunta de conocimientos. ¿Qué implica eso para América Latina, que históricamente se vio como proveedora de materias primas?

En mi opinión, implica que América Latina puede asumir un papel más activo en la división internacional del trabajo.

La región dispone de abundantes recursos naturales, pero en determinadas cadenas productivas ha desempeñado principalmente el papel de proveedora de materias primas y productos primarios. Sus exportaciones generan ingresos y han contribuido efectivamente al crecimiento económico de muchos países.

Por eso no debemos descalificar el comercio de recursos. La cuestión de fondo es otra: ¿cómo convertir las ventajas naturales en capacidades industriales, tecnológicas y de desarrollo autónomo?

El significado del nuevo paradigma de cooperación China-ALC consiste, a mi juicio, en avanzar de la complementariedad tradicional entre recursos naturales y manufacturas hacia una complementariedad más profunda entre capacidades productivas y de innovación.

Sin embargo, la modernización industrial no depende únicamente de la inversión extranjera, ni todos los países necesitan desarrollar por sí mismos cadenas productivas completas. También requiere políticas industriales de largo plazo, formación de talento, infraestructura, condiciones de mercado y capacidades institucionales.

Desde esta perspectiva, la principal oportunidad que ofrece la cooperación de conocimiento a América Latina no es simplemente acceder a más tecnología china, sino fortalecer, mediante la colaboración, su capacidad para elegir de manera autónoma sus vías de desarrollo, definir sus políticas industriales y participar en las cadenas globales de valor.

Me gustaría que, cuando en el futuro se hablara de cooperación China-ALC, no solo se recordara la cantidad de minerales y productos agrícolas que China compró, sino también las tecnologías desarrolladas en conjunto, las empresas creadas o fortalecidas, los ingenieros formados y los nuevos conocimientos sobre desarrollo producidos conjuntamente.

  1. El libro forma parte de la serie «Sistema autónomo de conocimientos sobre América Latina». ¿Qué significa construir un sistema autónomo de conocimientos en un contexto de disputa tecnológica entre potencias?

Esta cuestión es incluso más profunda que la cooperación tecnológica.

Siempre he considerado que los desafíos del desarrollo de los países del Sur Global no se limitan a sus capacidades económicas y técnicas. También tienen que ver con la forma en que comprenden sus propias experiencias, elaboran teorías del desarrollo autónomas y hacen oír su voz en los sistemas internacionales de conocimiento y de gobernanza.

Durante mucho tiempo, la producción de las principales teorías de la modernización y de los conocimientos sobre desarrollo se concentró en Europa y Estados Unidos. Con frecuencia, las experiencias de los países del Sur Global se han interpretado y valorado a partir de marcos teóricos externos.

Sin embargo, América Latina posee una rica tradición de pensamiento autónomo y de prácticas de desarrollo, del mismo modo que la modernización china ha generado un sistema de conocimientos arraigado en su propia historia y experiencia.

Construir un sistema autónomo de conocimientos no significa rechazar el saber procedente de otros países. Significa tener la capacidad de formular preguntas propias, interpretar la realidad, valorar distintas vías de desarrollo y elaborar soluciones por cuenta propia.

En la era de la inteligencia artificial, esta cuestión adquiere todavía mayor urgencia.

La inteligencia artificial no es solo una tecnología: se está convirtiendo también en una herramienta importante de producción y circulación de conocimiento y de apoyo a las decisiones públicas. Un país que carezca de capacidades propias de gobernanza de datos, evaluación tecnológica y recursos de conocimiento en sus lenguas y culturas puede terminar generando nuevas dependencias incluso mientras utiliza tecnologías avanzadas.

Por ello, los países del Sur Global no necesitan solamente acceso a productos tecnológicos; también deben participar en la investigación y el desarrollo, la elaboración de normas, la gobernanza de los datos y la construcción de los sistemas de conocimiento correspondientes.

En las relaciones China-ALC, propongo impulsar una cooperación verdaderamente igualitaria en la producción de conocimiento. Esto implica, por una parte, investigar, sistematizar y difundir nuestras respectivas experiencias de modernización; y, por otra, generar nuevos conocimientos mediante investigaciones conjuntas, coediciones, plataformas multilingües y cooperación en aplicaciones de inteligencia artificial.

Es particularmente importante alentar a los investigadores latinoamericanos a estudiar China a partir de las preguntas que surgen de sus propias sociedades, y a los investigadores chinos a comprender mejor América Latina desde sus experiencias históricas, tradiciones intelectuales y realidades sociales.

La autonomía del conocimiento no supone encerrarse en sí mismo, ni reemplazar un centro externo de autoridad por otro. Significa garantizar que distintas sociedades puedan participar en pie de igualdad en la producción global de conocimiento.

Para mí, este es también el significado más importante de la cooperación de conocimiento del Sur Global en nuestra época.

CIERRE | HACIA 2035

  1. Para el lector argentino de Clave China: si este nuevo paradigma funciona, ¿Cómo sería en 2035 un proyecto de cooperación China-Argentina diferente a los de hoy?

Es una pregunta muy sugerente. Permítanme responder con un ejemplo hipotético que ilustra mis expectativas para la cooperación entre China y Argentina en 2035.

Imaginemos que, en ese año, ambos países desarrollan conjuntamente un proyecto de litio e industria verde en Jujuy, Salta o Catamarca.

En un esquema más tradicional, la atención se centraría en el volumen de inversión, la producción minera, los ingresos por exportación y el cumplimiento del calendario de obras. Las empresas chinas aportarían capital, equipamiento y tecnología; Argentina, recursos, suelo, fuerza de trabajo y condiciones de mercado.

Todo ello seguirá siendo importante, pero espero que para 2035 la cooperación vaya más allá.

En primer lugar, el proyecto no debería limitarse a una inversión minera. Debería integrar explotación de recursos, investigación tecnológica, energías limpias y formación de talento en una iniciativa de desarrollo más amplia.

Empresas, universidades e instituciones científicas de ambos países podrían establecer plataformas conjuntas de investigación para estudiar el procesamiento del litio, las tecnologías de ahorro de agua, el aprovechamiento de energías limpias, la minería inteligente y el monitoreo ambiental.

En segundo lugar, las universidades y los centros de formación profesional argentinos deberían participar de forma sustantiva.

Podemos imaginar a un número creciente de jóvenes ingenieros y técnicos argentinos capaces no solo de operar y mantener equipos, sino también de participar en su mejora, el análisis de datos, la gestión de la producción y la investigación aplicada, fortaleciendo así los servicios tecnológicos locales.

En tercer lugar, habría que prestar mucha más atención a las condiciones sociales y ecológicas del territorio.

En las zonas de altura del noroeste argentino es especialmente importante conciliar la gestión del agua, la protección de los ecosistemas, los derechos de las comunidades indígenas y el desarrollo local. Por eso espero que el monitoreo ambiental, la transparencia de la información, la participación comunitaria, la protección del patrimonio cultural y la distribución de beneficios locales formen parte de los mecanismos permanentes de operación y no sean tratados como exigencias adicionales.

Finalmente, los resultados de la cooperación no deberían agotarse en ese proyecto.

Las partes podrían sistematizar las soluciones técnicas, las experiencias de gestión y los mecanismos de formación de talento y, respetando la propiedad intelectual y los intereses comerciales, convertirlos en conocimientos que puedan intercambiarse, estudiarse y aplicarse en otros contextos.

Así, en 2035 no deberíamos evaluar un proyecto China-Argentina preguntando únicamente cuánto se invirtió, cuántas toneladas de litio se produjeron o cuántos ingresos por exportación se generaron. También habría que preguntar: ¿cuántos ingenieros argentinos se formaron? ¿Cuántos proveedores locales se desarrollaron? ¿Qué capacidades autónomas de operación e innovación quedaron instaladas? ¿Qué beneficios duraderos recibieron las comunidades? ¿Qué nuevos conocimientos se produjeron entre ambos países?

Naturalmente, se trata de una visión hipotética. Su realización dependerá de las decisiones de política pública de ambas partes, de la inversión empresarial y de la participación de las sociedades locales.

Pero expresa lo que espero no solo de las relaciones entre China y Argentina, sino de la cooperación China-ALC en su conjunto.

Mi aspiración es que, hacia 2035, no nos limitemos a construir más proyectos, sino que también formemos más talento, generemos más conocimiento, desarrollemos más industrias y fortalezcamos la capacidad de cada parte para elegir autónomamente su camino hacia la modernización.

Este es el nuevo paradigma de cooperación China-ALC que defiendo, y también la idea esencial que buscamos transmitir con el libro Los Cinco Programas: hacia un nuevo paradigma de cooperación entre China y América Latina y el Caribe.

 

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