LA JAULA DE CRISTAL Y EL FUEGO EN LA CALLE
Hegemonía, clase y la captura total de una generación desarmada
Por Lidia Fagale. Periodista del Belt and Road. Directora de Clave China
De las trincheras de la Ivy League al desborde demográfico de África, la insurgencia en la América Latina precarizada y los horizontes soberanos de Cuba y China.
No es apatía, es asfixia material. Mientras el complejo militar-industrial devora 2,89 billones de dólares en armas (SIPRI), el capitalismo tardío gestiona la miseria juvenil con un 12,4% de desempleo global (OIT), un 75% de eco ansiedad (The Lancet) y la colonización absoluta de las relaciones humanas.
- EL MITO BIOLÓGICO: Cuando la sociología de mercado oculta la lucha de clases
La mayoría de los informes corporativos diseccionan a la llamada Generación Z desde la biología de consumo: nacidos entre 1997 y 2012, nativos digitales, ansiosos, emprendedores, constitutivamente woke. Esa taxonomía funciona para vender maestrías en marketing digital, pero es incapaz de explicar por qué arden los liceos. Proviene de usinas como McKinsey o Deloitte, cuya función sistémica es diseñar un consumidor homogéneo y predecible.
Este artículo entiende a la juventud bajo el prisma conceptual de Antonio Gramsci, Karl Mannheim, Mario Margulis y Marcelo Urresti: la juventud no es una coordenada del calendario; es una condición material y simbólica fragmentada y determinada por la violencia del capital. Hoy, esa condición se estructura en base a la precariedad laboral sistémica —bajo el eufemismo del gig work—, la fractura metabólica de un planeta exhausto, la experiencia psíquica de la traición intergeneracional frente al greenlash, y la privatización de la moratoria social, ese tiempo de tregua que la sociedad burguesa otorga para estudiar y que hoy está reservado exclusivamente para los hijos de las élites mediante becas Erasmus, mientras los hijos de la clase trabajadora migran o pedalean a 40 grados sin derecho a enfermarse.
En este tablero no hay una sola juventud; hay tres porciones en disputa. La porción integrada y aspiracional, adormecida por el simulacro digital y el lifestyle de consumo; la porción reaccionaria organizada, que canaliza la frustración hacia salidas identitarias excluyentes; y la porción subalterna precarizada, la minoría activa que, como en el Mayo del 68, transforma la angustia en agencia política. Cuando este ensayo nombra a la Gen Z, habla de estos últimos. Habla de una identidad de clase.
- MÉSZÁROS Y EL CONTROL METABÓLICO: Por qué el capital impregna las relaciones humanas y cómo superarlo
Para desentrañar la profundidad de esta dominación no basta con analizar las tasas de desempleo; es imperativo recurrir al filósofo marxista István Mészáros y su monumental disección del sistema de control del capital. Mészáros demostró de forma brillante que el capital no es simplemente un mecanismo económico de extracción de plusvalía en la fábrica, sino una fuerza totalizadora que impregna, coloniza y metaboliza la totalidad de las relaciones humanas. El capital produce un orden socio-metabólico que dicta cómo nos vinculamos, cómo deseamos, cómo estudiamos y cómo concemimos el tiempo libre, reduciendo toda interacción social al frío cálculo de la mercancía.
Bajo este yugo, el joven precarizado contemporáneo no solo vende su fuerza de trabajo por horas; entrega al circuito de acumulación su psiquismo, sus afectos y su atención, los cuales son monetizados por los algoritmos de las plataformas digitales. Esta penetración íntima genera una enajenación de raíz existencial. Por eso, Mészáros insistía en que la lógica del capital es intrínsecamente insuperable en sus propios términos: no se la puede reformar, ni humanizar, ni maquillar con discursos de responsabilidad social corporativa. La crisis actual es estructural y destructiva. La juventud subalterna intuye, desde la asfixia cotidiana, lo que Mészáros formuló teóricamente: para salvar la dignidad humana y frenar la catástrofe ecológica, la única alternativa histórica real es superar radicalmente el orden sociometabólico del capital, destruyendo su mediación mercantil para reconstruir los lazos comunitarios sobre la base de la reproducción social planificada por y para los trabajadores.
III. NUESTRA AMÉRICA PRECARIZADA: El mapa de la furia en el sur del continente
Es en el sur global, y específicamente en América Latina, Centroamérica y el Caribe, donde el control metabólico del capital impacta contra una geografía históricamente herida por el neoextractivismo y la dependencia. Aquí, la sincronía material de la juventud subalterna adquiere ribetes trágicos y urgentes. No son estallidos aislados; es el colapso del pacto democrático-liberal que pretendía administrar la desigualdad estructural.
México: La juventud mexicana se moviliza bajo el fantasma crónico de la narcopolítica y la militarización. Las últimas protestas estudiantiles y populares no solo impugnan el asesinato sistémico de alcaldes y activistas locales, sino la impunidad estructural, la precarización de las maquilas en el norte y la colusión de las fuerzas estatales con las corporaciones transnacionales. La demanda juvenil es clara: el fin de la neoguerra interna y la defensa de la vida frente a un Estado que entrega los territorios al capital extractivo.
Chile: Tras el espejismo constitucional que pretendió adormecer el Estallido Social de 2019, la juventud estudiantil chilena ha vuelto a las calles. Las últimas tomas de liceos y universidades denuncian la farsa reformista. La educación sigue regida por la lógica del mercado, el costo de vida es asfixiante y el aparato punitivo del Estado persigue penalmente a los mismos jóvenes que saltaron los torniquetes. La revuelta actual es la constatación del desencanto frente a una generación política institucionalizada que mudó el discurso rebelde por los despachos oficiales.
Argentina: El escenario actual de la juventud argentina está marcado por una resistencia feroz frente al desguace planificado del Estado. Las masivas tomas universitarias y las protestas contra los recortes presupuestarios denuncian una realidad brutal: la miseria inducida que arroja a más del 60% de los niños y jóvenes bajo la línea de pobreza. Aquí, los pibes defienden la universidad pública no como un privilegio académico, sino como el último bastión de movilidad social y dignidad colectiva frente a la crueldad del capital financiero.
Colombia: Las barriadas y las «primeras líneas» del Paro Nacional dejaron una memoria indestructible. Las últimas manifestaciones juveniles en las urbes colombianas exigen el cumplimiento real de los pactos agrarios y educativos, el cese del asesinato de líderes sociales y la democratización del acceso a la tierra. La juventud colombiana impugna el presupuesto de guerra que históricamente desangró al país a expensas de la salud y la educación popular.
Panamá: Centroamérica estalla en su nudo neurálgico. Las masivas e históricas protestas juveniles y populares en Panamá contra las concesiones mineras transnacionales (como el contrato con First Quantum Minerals) demostraron que la lucha ecosocial es una lucha de clases. Los jóvenes panameños paralizaron el país para defender el agua y la soberanía biológica, quebrando el relato oficial que pretendía convertir al país en una plataforma logística vacía de soberanía popular.
Ecuador: Atravesada por una crisis de seguridad sin precedentes, la juventud ecuatoriana es la principal víctima del «Estado de Excepción» permanente. Las últimas protestas estudiantiles e indígenas denuncian la entrega del país a las recetas de austeridad del FMI, el desmantelamiento de los servicios públicos y la criminalización de la protesta social bajo la excusa de la guerra contra el narcotráfico. Los pibes exigen presupuesto para el trabajo y el estudio, rechazando ser la carne de cañón de las bandas delictivas o de la represión estatal.
- CUBA Y LA JUVENTUD ORGANIZADA: Resistencia colectiva y dignidad antiimperialista
Frente a la dispersión de las subjetividades fragmentadas por el capitalismo transnacional, el caso de Cuba se erige como un contraejemplo fundamental de organización colectiva y conciencia histórica. En medio de un cerco geopolítico implacable, la juventud cubana encarna una experiencia militante que los medios hegemónicos occidentales y los algoritmos del mercado intentan invisibilizar o caricaturizar de forma sistemática. No estamos ante una juventud domesticada por el desinterés ni cooptada por las lógicas del desclasamiento consumista; se trata de una juventud políticamente vertebrada.
Los colectivos estudiantiles, los jóvenes científicos y las organizaciones de base en la Isla articulan su práctica diaria desde una premisa innegable: la defensa irrestricta de la soberanía de Cuba y la absoluta necesidad de resolver el destino de su país sin ningún tipo de injerencia externa. Esta juventud experimenta en carne propia las severas privaciones materiales, los apagones energéticos y los estrangulamientos logísticos causados de forma directa por el criminal bloqueo económico norteamericano, pero su respuesta no es la capitulación individualista frente al mercado global. Por el contrario, denuncian y combaten los intentos de penetración cultural e ideológica ensayados desde el Norte Global a través de fundaciones extranjeras y financiamientos encubiertos para ONGs de fachada. Para esta juventud organizada, la soberanía nacional es la condición previa y obligatoria para cualquier proyecto de emancipación social, asumiendo la tarea histórica de transformar y perfeccionar su sociedad desde adentro, de forma autónoma y con los pies hundidos en su propia tierra.
- CHINA Y LA VISIÓN ESTRATÉGICA DE FUTURO: La demolición de la educación especulativa
En el otro extremo del tablero geopolítico, China ofrece un ejemplo impactante de cómo un Estado de planificación centralizada interviene con firmeza para arrancar a las nuevas generaciones del destino de precarización masiva que Occidente reserva para su juventud. Mientras las potencias de la gig economy abandonan a sus titulados universitarios al subempleo crónico y a la bicicleta de reparto, Pekín ha utilizado sus Planes Quinquenales para ejecutar una reconfiguración estructural de la educación superior que ha estremecido los cimientos de la modernidad formativa.
La visión estratégica china opera bajo una directriz drástica de adaptación al desarrollo real: las carreras universitarias orientadas a la especulación, al marketing vacío o desconectadas del aparato productivo material simplemente dejan de existir. En los últimos años, el Estado chino ha clausurado de manera masiva cientos de titulaciones universitarias que consideraba obsoletas o meramente orientadas a inflar la burbuja de servicios financieros corporativos. En su lugar, el gobierno ha diseñado e implementado una visión estratégica integral para orientar a la juventud a un futuro mejor, fundando y financiando masivamente nuevas carreras ligadas a la soberanía tecnológica y material: inteligencia artificial soberana, computación cuántica, ingeniería avanzada de semiconductores, biotecnología agrícola para la seguridad alimentaria y desarrollo de infraestructuras para la transición energética justa. No se trata de obligar al joven a competir de forma precaria en un mercado desregulado, sino de planificar la formación de la juventud como la fuerza motriz del desarrollo científico y soberano de la nación, blindándola contra la exclusión social.
- LA SINCRONÍA MATERIAL Y LA TRAMPA DE LA NEUTRALIZACIÓN HISTÓRICA
Cuando el sistema de control metabólico del capital sufre fisuras, se activan refinados mecanismos de neutralización institucional encargados de digerir la insurrección popular. El poder ha aprendido de cada ciclo histórico:
| Hito Histórico / Región | El Motor de la Insurgencia | El Mecanismo de Capture | El Desenlace Sistémico |
| Argentina (2001) | Colapso del modelo neoliberal, desempleo y el grito de ‘Que se vayan todos’. | Institucionalización del conflicto: El Estado absorbió a las organizaciones de desocupados convirtiéndolas en gestoras de planes sociales. | Desmovilización de la autonomía popular; recomposición de la legitimidad burguesa delegada. |
| Túnez (2011) / Primavera Árabe | Juventud precarizada, carestía alimentaria y el sacrificio de Mohamed Bouazizi. | Captura geopolítica y ONGeización: El malestar de las calles fue canalizado a través de la arquitectura institucional de ONGs occidentales. | Fracaso burocrático y desencanto democrático; retorno al orden autoritario de Kaïs Saïed. |
| Chile (2011 – 2019) | Revueltas estudiantiles contra el lucro educativo que mutaron en el ‘Estallido Social’. | La trampa constitucional y de representación: El malestar destituyente de la calle se encauzó en un laberinto constituyente. | Vaciamiento de la base radical; restauración del consenso conservador por apatía. |
| Estados Unidos (2024 – 2026) | Tomas universitarias contra el financiamiento militar y persecución de la juventud migrante. | Punición jurídica y macartismo digital: Expulsiones académicas masivas, detención selectiva de migrantes y veto laboral algorítmico. | Confinamiento de la protesta a los campus; asfixia de la solidaridad interseccional. |
VII. ÁFRICA EN EL CENTRO DEL MUNDO: El tsunami demográfico que desafía al algoritmo
Es imposible ensayar una teoría global de la juventud ignorando el territorio donde late el corazón demográfico del siglo XXI: África. Para el año 2050, uno de cada cuatro habitantes del planeta será africano, y la edad media del continente hoy araña los 19 años. Mientras el Norte Global envejece y automatiza su producción, África concentra la mayor reserva de fuerza de trabajo juvenil del mundo.
En las calles de Nairobi, de Dakar o de Lagos, las demandas juveniles no pasan por los debates estéticos de las universidades de la Ivy League. La juventud africana exige el fin del neoextractivismo y la soberanía sobre sus recursos naturales (como el coltán, el litio y las tierras raras) que el Norte Global succiona para financiar su supuesta «transición ecológica digital». Exigen la destrucción de las cadenas de endeudamiento del FMI, empleo digno frente a una economía informal que devora al 80% de los pibes, y el derecho humano básico a la libre circulación, mientras las fronteras europeas se transforman en cementerios flotantes. La juventud africana no pide inclusión en el capitalismo colonial; impugna directamente las bases materiales del intercambio desigual.
VIII. EL «NEOLIBERALISMO PROGRESISTA»: La cooptación del feminismo y la domesticación indígena
¿Cómo logró el capitalismo neutralizar el potencial revolucionario de los movimientos que cuestionaban sus cimientos? La respuesta la sintetiza la filósofa política Nancy Fraser bajo el concepto de neoliberalismo progresista. Ante el fracaso de la socialización económica del capital, el sistema operó un enroque maestro: reemplazó la agenda de la distribución de la riqueza por las políticas de reconocimiento identitario abstractas.
La ONGeización de los feminismos: El feminismo de base, que originalmente denunciaba la alianza criminal entre el patriarcado y la acumulación capitalista (la doble explotación del trabajo doméstico y productivo), fue de forma sistemática institucionalizado. Las agencias multilaterales, las corporaciones multinacionales y las ONGs con financiamiento internacional licuaron su potencia plebeya. Lo convirtieron en un feminismo liberal, meritocrático y corporativo: el objetivo ya no es destruir el techo de cristal de la opresión económica, sino asegurar que haya mujeres en las juntas directivas de los bancos que ejecutan los desalojos de las familias trabajadoras.
La domesticación de los movimientos indígenas: Un fenómeno homólogo operó sobre las insurgencias ancestrales. El capital descubrió que era más barato financiar secretarías de «asuntos indígenas», programas de etnoturismo y marcos de diversidad cultural que devolver las tierras comunales robadas por el agronegocio o detener los emprendimientos de la minería a cielo abierto. La identidad indígena fue folclorizada y despojada de su dimensión subversiva: el derecho a la autodeterminación territorial.
Al transformar el conflicto de clase en una disputa burocrática por el reconocimiento simbólico, el reformismo socialdemócrata desarmó materialmente a los pueblos. Las corporaciones hoy lucen banderas de la diversidad y sellos de inclusión mientras sostienen la explotación más descarnada en la base de la pirámide social.
- EL MONOPOLIO DE LA REBELDÍA: Mark Fisher y la deriva neofascista de la frustración
Cuando la izquierda institucional y la socialdemocracia se transforman en los contadores públicos y administradores morales de la miseria, la ultraderecha adquiere el monopolio de la transgresión. Como advirtió Mark Fisher en Realismo Capitalista, el sistema ha saturado el espacio psíquico con una burocracia de la hipervigilancia identitaria que cancela la posibilidad de imaginar alternativas al capital. Al bloquearse la salida por izquierda, la frustración juvenil de los «perdedores de la globalización» muta en neofascismo.
El joven precarizado, atrapado en el laberinto del algoritmo, encuentra en el supremacismo o en el ecofascismo malthusiano un refugio identitario frente a la atomización. Si el Estado progresista le ofrece discursos inclusivos pero le niega el acceso a la vivienda y al salario digno, ese joven morderá el anzuelo de la reacción. Comprará la narrativa que señala al migrante, a la diversidad sexual o a las minorías como los «privilegiados» del presupuesto público. El neofascismo juvenil contemporáneo es el hijo no deseado, pero predecible, de una socialdemocracia que gestionó el declive material en lugar de distribuir la riqueza.
- EL DELIRIO MACROECONÓMICO: Presupuestos para la muerte vs. Miseria planificada
La verdad histórica se escribe en los libros de contabilidad del poder. Las cifras actuales desnudan la verdadera prioridad geopolítica de los Estados occidentales y orientales:
Presupuesto de Guerra: 2,89 billones de dólares anuales destinados al gasto militar global (SIPRI). Una maquinaria de destrucción alimentada por el conflicto permanente y la militarización de las fronteras.
La miseria social planificada: Mientras el complejo militar-industrial opera a pleno rendimiento, los presupuestos destinados a la educación pública sufren recortes estructurales crónicos (aulas a 40 grados sin ventilación en Créteil, universidades desfinanciadas en Buenos Aires), el acceso a la salud pública se privatiza o colapsa, y el mercado de la vivienda expulsa a las nuevas generaciones (subas del 53% en vivienda según Eurostat).
La juventud trabajadora de Estados Unidos entendió perfectamente esta contradicción. La oleada de ocupaciones y tomas de universidades norteamericanas no fue un mero ejercicio de solidaridad abstracta; fue la impugnación directa de una juventud estudiantil que ve cómo sus matrículas y los fondos de sus universidades financian la maquinaria bélica transnacional, mientras ellos cargan con deudas educativas impagables de por vida y testifican la cacería y encarcelamiento de jóvenes migrantes en la frontera sur.
- CONCLUSIÓN: El umbral del Greenwashing punitivo
Entendemos por greenwashing la operación ideológica por la cual el capital presenta como sostenible una práctica que profundiza la fractura metabólica. En el ocaso de la socialdemocracia, este dispositivo alcanza su estadio final: el greenwashing punitivo.
Cuando la porción subalterna de la Generación Z desborda los canales del consumo cultural y el reformismo identitario, el sistema prescinde de la máscara multicultural. La defensa activa de los bienes comunes, la ocupación de viviendas contra la especulación y la huelga contra la precariedad de las plataformas digitales pasan a ser catalogadas por el Estado de Emergencia como «ecoterrorismo» o «atentados a la seguridad nacional».
La porción reaccionaria de la juventud actúa como el brazo ejecutor informal de este orden, patrullando las redes y las calles para defender los privilegios de la propiedad privada. Pero en el sur global de Nairobi, en los campus militarizados de EE.UU., en las tomas universitarias de Argentina, en la resistencia soberana de Cuba y en el giro estratégico de China, la juventud demuestra que no cabe entera en los moldes de la sociología de mercado. El horizonte histórico no es la sumisión al algoritmo corporativo; es la destrucción definitiva del control metabólico del capital para conquistar, por fin, un presupuesto para la vida.
GLOSARIO DE CONCEPTOS: Las palabras clave del Capitalismo Tardío
Woke: Expresión de origen afroestadounidense («stay woke», estar despierto ante el racismo) que fue capturada por la academia liberal y el marketing corporativo para referirse a la sensibilidad hacia las injusticias sociales. Hoy funciona como una etiqueta cosmética de inclusión institucionalizada que no altera las relaciones materiales.
Plan Quinquenal (Contexto de Planificación): Herramienta de planificación económica y social centralizada donde el Estado traza las metas de desarrollo industrial, científico y educativo para un período de cinco años, subordinando la oferta universitaria a los intereses de soberanía nacional.
Doomscrolling / Doomismo: Práctica compulsiva e hipnótica de consumir noticias catastróficas, distópicas o pesimistas en las pantallas digitales, induciendo una parálisis colectiva que desactiva la organización política de base.
Gig Work / Gig Economy: Modelo laboral basado en la contratación de trabajadores para tareas hiperfragmentadas y puntuales gestionadas a través de aplicaciones digitales de plataformas transnacionales (Uber, Rappi). Elimina la figura legal del contrato de trabajo y transfiere todos los costos operativos y de salud al propio trabajador.
Greenwashing: Lavado de cara ecológico. Estrategia de relaciones públicas e ingeniería discursiva mediante la cual corporaciones y Estados imperialistas presentan sus marcas o políticas como ambientalmente responsables para ocultar la devastación ecológica subyacente.
Greenlash: Reacción política, económica y cultural violenta por parte de sectores conservadores y corporativos en contra de las regulaciones ambientales o transiciones ecológicas, argumentando que atentan contra el mercado libre.
Lifestyle: Estilo de vida mercantilizado. Operación semiótica del mercado que extrae las estéticas y prácticas culturales de los sectores subalternos, las vacía de su contenido político o dolor social, y las empaqueta como bienes de consumo suntuarios para clases acomodadas.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Fisher, M. (2009). Realismo Capitalista: ¿No hay alternativa? Buenos Aires: Caja Negra Editora.
Foster, J. B. (2000). La ecología de Marx: Materialismo y naturaleza. Madrid: El Viejo Topo.
Fraser, N. (2019). ¡Contra el neoliberalismo progresista! Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la cárcel. Edición crítica a cargo de Valentino Gerratana. México: Era.
Margulis, M. y Urresti, M. (1998). «La juventud es más que una palabra». En Viviendo a toda: Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades. Bogotá: DIUC.
Mészáros, I. (2001). Más allá del capital: Hacia una teoría de la transición. Caracas: Pasado y Presente.
Meyssan, T. (2025). «El inventario del descontento global». Red Voltaire, edición del 20 de octubre.
OIT (2026). Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026. Ginebra: Organización Internacional del Trabajo.
SIPRI (2025). SIPRI Yearbook 2025: Armaments, Disarmament and International Security. Stockholm International Peace Research Institute.
Svampa, M. (2026). «La esperanza contrahegemónica y el giro ecosocial de las nuevas generaciones». Nueva Sociedad, Nº 323, agosto.


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